10 de enero de 2025

La menopausia trae consigo una reducción de estrógenos que debilita los músculos del suelo pélvico y los tejidos que sostienen la vejiga. El resultado puede ser incontinencia urinaria: pérdida involuntaria de orina al toser, reír o hacer ejercicio, o una urgencia repentina de orinar. Es un síntoma frecuente en esta etapa, pero con tratamiento efectivo.
También es habitual notar que vas al baño más veces al día o que te levantas por la noche. Aquí verás por qué ocurre, cómo prevenirlo y qué tratamientos funcionan de verdad.
La menopausia es un proceso biológico completamente natural que ocurre cuando los ovarios dejan de liberar óvulos y la menstruación cesa de forma definitiva. Este cambio suele presentarse entre los 45 y los 55 años, aunque puede variar en cada mujer según factores genéticos, estilo de vida y salud general.
Antes de que llegue hay una etapa de transición, la perimenopausia, que puede durar varios años y en la que los síntomas urinarios ya empiezan a aparecer.
Durante la menopausia, el cuerpo pasa por una serie de ajustes hormonales, especialmente la disminución de estrógenos, que son las hormonas clave en el sistema reproductivo y en otras funciones importantes del organismo. Estos cambios son responsables de algunos síntomas comunes, como los sofocos, las alteraciones del sueño, los cambios de humor y, por supuesto, la incontinencia urinaria.
Aunque a menudo se percibe como un período de pérdida, la menopausia también puede ser una oportunidad para reflexionar sobre el cuidado personal y el bienestar, adaptándonos a las nuevas necesidades de nuestro cuerpo.
La relación entre menopausia e incontinencia radica en los cambios hormonales, particularmente en la reducción de los niveles de estrógenos. Esta hormona juega un papel importante en el mantenimiento de la elasticidad y fortaleza de los músculos del suelo pélvico y los tejidos que sostienen la vejiga y la uretra. Cuando los niveles de estrógenos disminuyen, estos tejidos pueden perder algo de su firmeza, lo que puede provocar, a su vez, pequeñas fugas de orina en situaciones cotidianas como reír, toser o hacer ejercicio.
Además, la pérdida de estrógenos adelgaza la mucosa de la vejiga y de la uretra, y esa mucosa más fina responde antes a cualquier estímulo. Por eso en la menopausia la vejiga se vuelve más sensible y avisa con más urgencia, aunque no esté llena.
Esto no significa que la incontinencia sea algo por lo que debes alarmarte; más bien, es un recordatorio de que nuestro cuerpo está en constante cambio y de que debemos atenderlo desde los primeros signos.
Existen diferentes formas de incontinencia urinaria que pueden manifestarse durante la menopausia. Conocerlas puede ayudarte a identificar mejor lo que estás experimentando y lo que tu cuerpo necesita. A continuación, te explicamos las más comunes:
Es la más común en mujeres menopáusicas y ocurre cuando pequeñas cantidades de orina, como si se tratase de un goteo, se escapan al realizar actividades que aumentan la presión en el abdomen, como reír, estornudar, toser o levantar algo pesado. Esto se relaciona con la pérdida de firmeza en los músculos del suelo pélvico, algo totalmente normal y común en esta etapa.
Se caracteriza por una necesidad repentina e incontrolable de orinar, incluso si la vejiga no está llena. Esto puede estar relacionado con la irritación de la vejiga, cambios hormonales, como los que vienen de la menopausia y, en algunos casos, infecciones urinarias. Es importante distinguir entre este tipo de incontinencia y la micción frecuente que puede ser causada por otros factores.
Cuando esa urgencia se repite muchas veces al día se habla de vejiga hiperactiva, un cuadro que se vuelve más frecuente a partir de la menopausia.
En algunos casos, las mujeres pueden experimentar una combinación de ambos tipos, conocida como incontinencia mixta. Este tipo combina los síntomas de esfuerzo y urgencia, lo que puede generar más incomodidad. Por ello, siempre es recomendable consultar con un especialista para obtener un diagnóstico preciso y personalizado.
Los productos absorbentes TENA están diseñados específicamente para cada tipo de incontinencia. Si no sabes cuál es el tuyo, el perfilador de productos te ayuda a encontrar el más adecuado.
Durante la menopausia pueden presentarse diferentes tipos de incontinencia urinaria, y reconocer sus características puede ayudarte a identificar mejor tus síntomas.
La incontinencia de esfuerzo ocurre cuando se escapa orina al toser, estornudar, reír, hacer ejercicio o levantar peso, debido a la presión que estas acciones ejercen sobre la vejiga. La incontinencia de urgencia, en cambio, se manifiesta como una necesidad repentina e intensa de orinar que puede provocar pérdidas antes de llegar al baño. También existe la incontinencia mixta, que combina síntomas de esfuerzo y urgencia.
Si presentas pérdidas de orina frecuentes, es recomendable consultar con un profesional de la salud para determinar el tipo de incontinencia y recibir orientación adecuada.
No toda la molestia urinaria de la menopausia es un escape de orina. Muchas mujeres notan primero otra cosa: que van al baño muchas más veces al día y que eliminan poca cantidad cada vez. La causa es la misma caída de estrógenos que afecta al suelo pélvico. Al adelgazarse la mucosa, la vejiga se vuelve más sensible y manda la señal de aviso antes de estar llena.
Levantarse por la noche a orinar tiene nombre propio: nicturia. Una vez puede ser normal, pero dos o más veces cada noche de forma sostenida merece revisión. En esta etapa se juntan tres factores: la vejiga más sensible, los sofocos que fragmentan el sueño y hacen que notes las ganas que de día pasarían desapercibidas, y el líquido que se ha acumulado en las piernas durante el día y vuelve a la circulación al acostarte.
Antes de asumir que es solo la menopausia, conviene llevar un registro sencillo durante tres días: cuántas veces vas al baño, a qué hora y cuánto bebes. Ese diario miccional es lo primero que te va a pedir el especialista y suele revelar patrones fáciles de corregir, como concentrar la mayor parte de los líquidos por la tarde. Entrenar la vejiga con horarios progresivos también reduce el número de visitas al baño.
Aunque la incontinencia urinaria puede ser un síntoma común, existen hábitos simples que pueden ayudarte a prevenirla y controlar el flujo de orina. Estos consejos no solo son útiles para la menopausia, sino que también promueven una mejor salud urinaria en general:
Es importante recordar que no necesitas enfrentar la incontinencia urinaria sola. Existen muchas formas de abordarla y manejarla con comodidad, pero siempre es importante recibir la atención médica antes de someterte a algún tratamiento que condicione tu salud.
La terapia de reemplazo hormonal es una opción médica que puede desempeñar un papel fundamental en la mejora de la salud urogenital, especialmente en mujeres que atraviesan la menopausia. Este tratamiento tiene la capacidad de mejorar la elasticidad y funcionalidad de los tejidos de la vejiga, ayudando a reducir los síntomas de incontinencia urinaria. Al restaurar los niveles de estrógeno, se puede aliviar la sensación de urgencia urinaria y mejorar el control sobre la vejiga.
El tratamiento con estrógenos, componente principal de la terapia hormonal, puede administrarse de diferentes maneras, adaptándose a las necesidades individuales de cada persona. A continuación, te describimos las dos principales opciones:
Esta es una de las formas más utilizadas de la terapia hormonal cuando se trata de incontinencia urinaria. Los estrógenos tópicos se aplican directamente en la zona vaginal, proporcionando un alivio localizado y rápido de los síntomas. Entre las presentaciones más comunes se encuentran:
Cremas vaginales: Se aplican con un aplicador y actúan directamente sobre los tejidos vaginales y uretrales.
Óvulos vaginales: Pequeñas cápsulas que se introducen en la vagina y liberan estrógenos de manera localizada.
Anillos vaginales: Dispositivos flexibles que se colocan en la vagina y liberan estrógenos de manera continua durante varias semanas.
Una de las principales ventajas de los estrógenos tópicos es que actúan directamente en los tejidos afectados, limitando la absorción del medicamento al resto del cuerpo. Esto minimiza los posibles efectos secundarios sistémicos, convirtiéndolos en una opción segura para muchas personas.
En los casos donde los síntomas de la menopausia, como los sofocos, la sequedad vaginal o los cambios emocionales, acompañan a la incontinencia urinaria, la terapia hormonal sistémica puede ser una alternativa más adecuada. Este tipo de tratamiento incluye el uso de pastillas, parches o geles que liberan estrógenos al torrente sanguíneo, permitiendo un alivio generalizado de los síntomas. Aunque no es tan específica para tratar la incontinencia urinaria como los estrógenos tópicos, puede ser muy beneficiosa en mujeres que presentan múltiples síntomas relacionados con el déficit hormonal.
La elección entre estas opciones dependerá de las características individuales de cada paciente, así como de la evaluación médica.
Los ejercicios de Kegel son una forma sencilla y efectiva de fortalecer los músculos del suelo pélvico, los cuales sostienen la vejiga, el útero y el intestino. Estos ejercicios, desarrollados por el Dr. Arnold Kegel, son ideales para prevenir y tratar la incontinencia urinaria, mejorar el control de la vejiga y promover la salud pélvica en general.
Consisten en apretar y levantar los músculos del suelo pélvico como si estuvieras tratando de evitar orinar durante 3 a 5 segundos; una vez pasado este tiempo, deberás liberar la contracción y relajarte completamente durante 3 a 5 segundos, y así continuamente de 10 a 15 repeticiones por sesión, al menos 3 veces al día.
A medida que tus músculos se fortalezcan, puedes aumentar la intensidad y duración de los ejercicios, es decir, puedes mantener la contracción durante 8 a 10 segundos en lugar de 3 a 5, además de incrementar el número de repeticiones en cada sesión, pero sin excederte. Al realizarlos de manera regular puedes marcar una gran diferencia en la reducción de episodios de incontinencia.
La constancia es clave: la mayoría de las mujeres nota mejora entre las 8 y las 12 semanas de práctica regular. Si tienes dificultades para identificar los músculos correctos, un fisioterapeuta de suelo pélvico puede orientarte.
La incontinencia urinaria en la menopausia es frecuente, pero no inevitable ni permanente. Con los tratamientos adecuados (ejercicios de Kegel, terapia hormonal y cambios de hábitos) muchas mujeres recuperan el control. Mientras tanto, los productos TENA te ofrecen protección discreta para seguir con tu vida sin interrupciones.
No todas las mujeres la experimentan, aunque es muy frecuente. La reducción de estrógenos debilita el suelo pélvico y la mucosa urinaria, lo que aumenta el riesgo. Otros factores como partos previos, sobrepeso o predisposición genética también influyen en la probabilidad y severidad.
Puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente a partir de los 45-55 años, coincidiendo con la perimenopausia y la menopausia. También puede presentarse después de partos o cirugías pélvicas.
Sí. Los ejercicios de Kegel fortalecen el suelo pélvico y pueden reducir significativamente los episodios de incontinencia de esfuerzo. Se recomiendan como primera línea de tratamiento, con resultados visibles entre las 8 y 12 semanas de práctica constante.
La caída de estrógenos adelgaza la mucosa de la vejiga y de la uretra y reduce su elasticidad, así que la vejiga se vuelve más sensible y avisa antes de estar llena. Por eso muchas mujeres notan que van al baño más veces al día, incluso cuando eliminan poca orina cada vez.
Levantarte una vez puede ser normal, pero hacerlo dos o más veces cada noche de forma sostenida se llama nicturia y conviene revisarlo. En la menopausia influyen la caída de estrógenos, los sofocos que interrumpen el sueño y la redistribución de líquidos al acostarte.
En muchos casos mejora de forma clara. Los ejercicios de Kegel, el entrenamiento de la vejiga, el control del peso y, cuando el médico lo indica, el tratamiento con estrógenos reducen los episodios de escape. La clave es empezar pronto y ser constante durante al menos 8 a 12 semanas.